
De 10 a 1 en cuenta regresiva. En nuestros ojos, las atentas miradas de nuestros cercanos. Con las copas en la mano esperando a ser llenadas y con los brazos alzándose con cada número dicho al unísono, sin nada más en nuestra mente que la decena en reversa, aguardando el momento justo en que el cero sea reemplazado por el grito a viva voz de: ‘Feliz año nuevo!’, el que dará rienda suelta a las cábalas propias de la fecha, como las 12 uvas, ropa interior amarilla, el dinero en nuestras manos y/o la cucharada de lentejas, para que luego un abrazo nos haga comenzar un nuevo respiro que durará otros 31.536.000 segundos.
Son solo diez segundos los que nos trasladan de un año a otro, son los diez segundos más importantes del año, para muchos los más esperados y para otros, los más odiados…
Nadie está ajeno al enigmático poder que ejerce el final de cada año y que nos lleva a realizar un repaso de todo lo vivido en tal período. Una especie de recuento de daños, logros, alegrías y perdidas; sueños cumplidos, inconclusos y en deuda; errores, aciertos y vergüenzas; alegrías, tristezas, y enojos. Quizás se trate del acto inconsciente que nos sugiere el concepto de ciclo, que al terminar, nos obliga a recordar todo lo hecho durante este y replantearnos para crecer y continuar, tal como lo haríamos al finalizar nuestros estudios, al casarnos, divorciarnos o al cambiarnos de trabajo.
Inconscientemente también, el fin de año aparece para muchos como un salvavidas curativo que llega para reordenar todo mágicamente. Una especie de meta, donde sentimos que todo lo malo desaparecerá apenas se reinicie el calendario en un nuevo año. Las enfermedades desaparecerán, el dinero se multiplicará y las deudas disminuirán, el amor al fin llegará o volverá, etc.
Así mismo y contradiciendo todo sentimiento espontáneo, el comienzo de un nuevo año nos invade de inseguridades a medida que el se acercan los 10 últimos segundos, llevándonos a hurgar en arquetipos milenarios como el del horóscopo chino en busca de elementos que nos den algún grado de seguridad. Tal calendario oriental imputa características y propiedades animales a los próximos doce meses, permitiéndonos descifrar lo que nos espera o al menos saber a que atenernos mientras dure su regencia. Así podremos, fácilmente, justificar cada uno de nuestros errores o mala fortuna según el defecto del fauno correspondiente, pues lógicamente nuestro ego nos obligará a atribuir los logros únicamente a nuestro propio esfuerzo.
En este caso, el Jabalí o el Cerdo guiarán los destinos del 2007. Intentemos decifrar lo que se nos viene para el próximo ciclo según sus cualidades.
Estos animales tienen una piel gruesa, pero sensible, lo que nos llevan a pensar que se nos aproxima una temporada de duras pruebas que no harán mella en nuestro esfuerzo, aunque estaremos alertas a cada pellizco del destino. Si ponemos atención a su gruñido característico, mezcla de maullido de gato histérico con grito de bebé, podemos entender que se avecina un etapa llena de acaloradas discusiones, las que serán resueltas dependiendo del estado de ’domesticación’ en el que nos encontremos. Sus piernas cortas y movimientos rápidos nos dan cuenta de lo agitado que estará el 2007 en todo aspecto. Dada su asociación mundial del cerdo con el ahorro, claramente estaremos frente al año de mayor bonanza económica o, simplemente, mantendremos nuestros ingresos bajo resguardo.
En síntesis, será un año de abundancias, salvaje aunque domesticable, suculento, pesado, redondo y un tanto hediondo aunque esto último es imposible de interpretar.
Al final del año del cerdo, estaremos preparados para juntarnos a corear nuevamente los últimos segundos desde el 10 hasta 1, con los brazos llenos de buenos deseos, un capítulo más de nuestra historia escrito, la mejor de las compañías, uno que otro elemento cabalístico y la esperanza de que el próximo animal coincida con nuestros anhelos o, al menos, no de la impresión de que apesta.
Feliz y aromático 2007 para todos!
Desde aquí un fuerte abrazo (inodoro).