lunes, febrero 26, 2007

The Beautiful People

Cuerpos fibrosos y rostros equilibrados no son fáciles de encontrar en forma natural, no obstante siempre es posible optimizar lo que se posee con gimnasio, alimentación sana, artículos cosméticos como maquillaje en las mujeres y últimamente cremas de todo tipo para los varones. Todo, absolutamente todo está permitido con tal de lucir bien, conscientes de que todo entra por la vista y que todas las puertas se abren frente a unas sonrisa bella y a un cuerpo estéticamente hermoso.

Así se logra potenciar la belleza exterior ocultando las pequeñas imperfecciones existentes que con un poco de dinero se pueden eliminar completamente por medio de cirugías.
Se lo que pensará: ‘La belleza es subjetiva’, pero al margen de esto siempre existirá más de algún prototipo de esta centrado mayoritariamente en la armonía del rostro y cuerpo. Lo anterior es fácil de comprobar pues es imposible encontrar a una persona calva, gorda, con nariz chueca, de orejas grandes, baja de estatura y/o bizca en un aviso publicitario a menos que esté interpretando a una persona fea.

Ser bello o querer serlo es un arma de doble filo, pues efectivamente todas las buenas posibilidades del mundo están a la mano sin mayores complicaciones, es fácil encontrar trabajo, amistades y amores, en definitiva la vida se hace más simple, esto sin contar con que pueden usar un saco de papas por vestidura y aún asi lucir bien, pero todo esto va ligado a un ego truncado al centrar la mayoría de las decisiones en lo externo, descuidando el interior y esto trae consecuencias no muy gratas, pues si bien es cierto todas las puertas se abren ante una linda presencia, será difícil sostener cualquier lazo sin un contenido que avale la permanencia de este.

Jamás encontraremos a un científico bello o a un presidente agraciado, a ellos no les interesa ser bellos y a los hermosos no les interesa ser científicos ni presidentes.

Los feos se pasean por el mundo pendientes de cosas menos superficiales. Lo que en la adolescencia fue una tortura reflejada en crueles sobrenombres, a los 30s se compensa con una autoestima desarrollada en base al intelecto, carisma y simpatía. La ropa no les quedará bien, no serán deseables, no despertarán suspiros, les será más difícil el ser tomados en cuenta, pero feos y tontos o feos y antipáticos… Jamás!. Y por supuesto, pueden llegar a ser científicos importantes o excelentes presidentes.

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viernes, febrero 09, 2007

El Regalo Perfecto


Recibir un presente inesperado es sin duda una de las sensaciones más placenteras que podemos experimentar, pero si este viene envuelto, el placer es doble e insuperable. La textura del envoltorio, el sonido del contenido, el aroma del papel nuevo rodeado por un lazo que, generalmente, termina con un nudo que invita a ser desatado, dejando a cuatro de los cinco sentidos anulados al entorno y enfocados al obsequio que de seguro será una sorpresa.

Si bien es cierto esta reacción es un común denominador entre quienes reciben un regalo, el proceso de apertura tiene diversas interpretaciones, mientras algunos desgarran el envoltorio buscando llegar al contenido lo más rápido posible, otros lo han transformado en todo un ritual que debe manejarse con lentitud, procurando no romper la magia especial que genera una sorpresa envuelta. Hay quienes han llegado a lamerlo antes de abrir y con eso ya tenemos los cinco sentidos involucrados.

Si ponemos atención, esta peculiar sensación se repite en otros actos de nuestra vida, ya sea cuando nos compramos algún artículo, estrenamos zapatos o nos cambiamos de casa.

Algo similar sucede cuando conocemos a alguien que nos agrada y con quien tenemos intensiones de comenzar una relación seria e incluso cuando se trata de una esporádica. Sea cual sea el caso, una vez que hemos sobrepasado la barrera de la desconfianza, tarde o temprano llega el momento de la primera incursión sexual, la cual es comparable con abrir un regalo, aunque con aspectos que pueden llegar a ser menos mágicos y más espeluznantes.

Todos nosotros pasamos en ese instante a ser algo parecido a un obsequio humano, con vestimenta como envoltorio y cuyo contenido es toda una sorpresa que puede o no ser agradable y donde el ritual del descubrimiento se repite, impulsivo y rápido para algunos, planificado y lento para otros, esta vez con todos los sentidos a disposición y donde el gusto esta vez toma un papel preponderante.

Cada botón desabrochado da paso al testeo visual que se alerta a cada lunar existente, a cada cicatriz expuesta, a tamaños, formas y colores. Una vez abierto el regalo los aromas y el tacto nos dirán si es utilizable o no. Los sonidos provenientes de este activarán las papilas gustativas y, en definitiva, a darle uso inmediato. Por mucho entusiasmo que tengamos a la hora de ‘desenvolver el presente’, un contenido de forma irregular, con manchones, mal olor o con apariencia de haber llegado a nuestras manos con un extremado uso anterior, nos hará apagar toda mágica ilusión encendida y una mueca de disconformidad se instalará en nuestro rostro como si hubiésemos recibido un feo e inútil pisapapeles plástico comprado en el ‘todo a $500’. De pasar la prueba de la aceptación en términos de presencia, estaremos preparados para ponerlo a prueba en lo funcional.

En definitiva, cada uno de nosotros somos regalos andantes, dispuestos a ser desenvueltos y listos para un uso inmediato al momento de ser abiertos. La gran diferencia entre un regalo material y nosotros, es que el primero es siempre inesperado, bien recibido y desempacarlo es un placer, mientras que en el segundo se crean expectativas con tan solo ver en envase, mismas que no siempre son satisfechas y la única forma de comprobar el nivel de complacencia es sometiéndolo a uso. De no ser aceptable, basta con visualizarnos como regalos reciclables, pues siempre existirá la posibilidad de ser, para alguna persona, el regalo perfecto.