
Todos tenemos al menos uno y más de algún defecto le encontramos: Si no son exhibicionistas son voyeuristas; Si no son ladrones son entrometidos; Si no son altaneros están en la bancarrota; Jóvenes fiesteros o frágiles octogenarios; Los hay Humildes y por supuesto...Soberbios.
Tienen esa capacidad de ser odiables y adorables según el más mínimo movimiento. Dueños de una mística especial que data de tiempos inmemoriales y que ha sido reflejada en cuanto chiste o serie televisiva existe. Como olvidar al perfectirijillo Flanders de 'Los Simpsons', a los entrometidos Ochmonek de 'ALF', los burlescos Darcys de 'Married with Childrens', Los desconfiados Kravitz de 'La Hechizada' (Bewitched), los envidiados Tinckelbergs de ‘Los padrinos mágicos’, los pacatos ingleses de ‘Mad about you’, la vecindad completa del 'Chavo del 8' o los dispares vecinos de la serie española 'Aquí no hay quien viva'. La lista es interminable y podríamos seguir por siempre.
Lo mismo da si vives en un exclusivo condominio tipo ABC1 o en una popular población, la plantilla vecinal se repite así como los 'cacareos' al momento de convocar a alguna junta, en donde si de algo estaremos de acuerdo es en no llegar a acuerdo alguno, solo lograremos ser blanco de secretos comentarios una vez finalizada la reunión, una suerte de fuego cruzado, donde las armas son los labios y las balas... los comentarios.
Hay quienes jamás conocen a los suyos más que por sus actos o defectos, con seudónimos como: 'El loco', 'La perdida', 'El Psicópata', 'El solterón', 'La gorda', 'la vieja', todos acompañados con las palabras 'de al lado', se forma la frase que diferenciará a uno de otro vecino. Así, podemos pasar años sin saber quién es realmente el personaje que respira y siente a nuestros costados.
Si tus vecinos son jóvenes, no dudan en poner los parlantes en el patio o terraza con un 'perreo' a full los días viernes, mientras las risotadas de sus invitados resuenan en nuestros oídos cansados. Luego de un tiempo, no tendremos consideración con ellos al doblegar la potencia de nuestra música, aduciendo la ley del Talión como venganza ejemplificadora. Quienes viven en casas pareadas o en edificios, estarán condenados a escuchar desde conversaciones hasta discusiones e incluso las fogosas noches de kamasutra.
Si son viejos, hasta una simple tos será motivo de visitas con hierbas medicinales. Tu jardín estará siempre regado, pero estarás condenado a mantener un silencio mortuorio en tu propia casa a fin de no despertar su furia lastimera, mientras serás tú quien no pueda dormir con el ladrido de sus 5 perros y el incesante griterío del loro. Eso sí, si algo te falta, allí estarán ellos para proporcionártelo con una sonrisa que te recordará a tu dulce abuelita.
Siempre existirá algo envidiable en ellos, no importa cuán miserable o despreciable sea su vida: Su perro, su auto, sus muebles, su casa, el césped, el trabajo, su cónyuge, su vida… Ellos son parte anexa del contrato firmado para arrendar o comprar tu casa. Una especie de matrimonio indisoluble, cuyos votos son tan difusos como espeluznantes: Llueva o truene, de día o de noche, en salud o en enfermedad ellos estarán ahí por y para ti, protegiéndote y observándote desde la ventana, hasta que la muerte los separe.