
Uno de los mayores anhelos de los seres humanos a través de los tiempos y el que ha llevado a sufrir más de alguna frustración ha sido el de vivir para siempre. Una vez entendida la imposibilidad de aquel deseo, los mortales han optado por inmortalizarse por medio de sus obras, motivados por el deseo de perpetuarse y de mostrarle al mundo lo importantes que fueron en vida.
Extrañamente, seremos protagonistas de nuestras vidas, estaremos conscientes de cada uno de nuestros movimientos, pero jamás sabremos realmente lo que hemos sembrado a nuestro paso. Será después de muertos, que se visualizará lo que fuimos, plasmado en pocas líneas y grabado en mármol, lo que formará nuestro epitafio, una especie de resumen de nuestra vida y obra, como si nuestro actuar fuese completamente ajeno a nosotros mismos y estuviese en manos de otros el definir cuales fueron nuestras aptitudes o falencias. Peor aún… es nuestro entorno el encargado de mostrar lo que realmente fuimos.
¿Es posible inmortalizar una vida completa en un epitafio?
Echándole un vistazo a las inscripciones post mortem de gente importante o reconocida encontramos casos tan extremos como:
"Estoy aquí en el último escalón de mi vida"Marlene Dietrich
"Arrebató el rayo a los cielos y el cetro a los reyes"Benjamín Franklin
En estos casos está claro. Ella, actriz; Él, genio inventor. Sus epitafios son consecuentes con su actuar en vida y les hacen justicia, pues de seguro ambos querían ser inmortalizados de esa forma.
En el ámbito más mundano, si visualizamos lo que podría ser nuestro propio epitafio, descubriremos que existe una diferencia entre lo que hacemos y lo que proyectamos. Un ejemplo simple de esto es el de quien quiere ser recordado como un buen esposo y mejor padre, por lo que trabaja duro para proveer de todo lo necesario, pero su familia solo puede estar sintiendo a un padre ausente y trabajólico.
Está en nuestras manos, entonces, el lograr conectar nuestras emociones con nuestros actos a fin de reflejar nuestra real esencia en la leyenda que nos acompañará en nuestro sueño eterno. Aunque serán nuestros seres cercanos quienes definirán lo que fuimos, siempre está permitido plantear lo que nos gustaría que se dijera de nosotros. Aquí va lo mío:
"Siempre tuve oídos y apoyo para todo aquel que lo necesitara y nunca fui capaz de autoprotegerme...Irarrázabal (1975-2006)
...Sabía que algún día dejaría de fumar".