
Ha muerto uno de los hombres más poderosos de la tierra en los últimos años, un hombre que fue capaz de cambiar el eje social, mental, cultural y político de Chile, un hombre que censuró el libre pensamiento por más de 15 años bajo ley constitucional y a cuyo nombre se enlaza la responsabilidad de más de 3000 muertes, estafas millonarias y la división del país en términos de pensamiento y visión. Ha muerto Pinochet.
Fue seguido por muchos, sus adherentes han demostrado una incondicionalidad a prueba de toda lógica. Aún hoy, es posible ver en las techumbres de los hogares de sus seguidores las banderas izadas a tope el día 11 de septiembre de cada año en señal de alegre conmemoración y en sus salas, la fotografía enmarcada que muestra la gallarda figura del ex dictador, luciendo su traje de capitán general de las fuerzas armadas y con la banda presidencial, de seguro en este momento, esas mismas fotografías han de estar colmadas de velas encendidas en son de luto. La pasión de sus partidarios es comparable a la devoción de un creyente de una secta religiosa a su dios o a la de un adolescente frente a su ídolo musical, tal fervor los llevó a estar presentes en cada una de las apariciones del ex dictador incluso después de terminado su mandato, más aún durante su arresto en Londres donde mezclaron su apoyo con lágrimas y por supuesto hoy, en su muerte.
Fue odiado por tantos otros que veían en la figura del ex comandante la imagen de un asesino. Cada una de los familiares de los desaparecidos dio una batalla constante a base de consignas, panfletos, marchas y reuniones… Siempre unidos, con la imborrable imagen de sus mártires colgadas al cuello y con el perpetuo dolor que provoca la incertidumbre de no saber que fue de aquellos a quienes tanto amaron. Fueron estos eternos deudos, la inspiración del cantante norteamericano Sting para crear la canción ‘They Dance Alone’, en donde se plasman una de las primeras críticas directas venidas desde el exterior hacia el ex dictador y en cuyo video se muestran imágenes de mujeres bailando la ‘cueca sola’ (baile nacional que originalmente se desarrolla en pareja). Sus detractores izan la bandera nacional a media asta cada 11 de septiembre en clara señal de duelo y sus voces de protesta y justicia no callaron incluso en los tiempos del régimen militar, menos aún durante su arresto en Londres donde mezclaron su clamor con alegría y por supuesto hoy, en su muerte.
Muere Pinochet y se lleva a la tumba todos sus secretos, culpabilidades, logros y derrotas, poniendo fin a un importante capítulo de la historia de la humanidad y dejando a su paso preguntas sin resolver, llantos desconsolados, enfervorizada alegría y un sistema judicial cuestionable en su actuar, que no fue capaz de terminar lo que Inglaterra comenzó.
Considerando que el dolor, el odio y el amor son sentimientos heredables, es de esperar que Chile siga manteniendo la pasión bipolar que ha demostrado hasta hoy. Las banderas seguirán siendo izadas a tope y media asta cada 11 del mes 9, de seguro y con el tiempo saldrá a la luz pública más de alguna historia cuestionable y pasarán siglos antes de que su imagen se borre del mundo.
Es curioso como este hombre, que se jactaba diciendo que en Chile no se movía una hoja sin su consentimiento hoy haya llegado al final de su vida con la pérdida absoluta de todos sus honores y con la carga de haber sido uno de los hombres más importantes de la historia. Extrañamente y como si de una jugarreta burlona del destino o como si de un designio de justicia divina se tratara, la muerte de Pinochet ocurre justo cuando de celebra el día de los derechos humanos.






