
Para cada edad su actuar, reza el refrán que acabo de inventar. No es encasillamiento, es solo que hay cosas que si no hicimos a los 20 ya es imposible de realizar a los 30, lo mismo sucederá cuando pasemos a los 40 y así finitamente.
A los 20, podemos dar rienda suelta a la forma de vestirnos, de hablar y de comportarnos, por algo existe el otro dicho (que yo no inventé), "Déjalo, está en la edad" y ese dicho sí encasilla y pone límites a nuestro actuar según nuestro rango etareo.
A los 20, si te tatúas el brazo y te pones aros en la ceja o en los testículos, eres cool. A los 30, si haces lo mismo, pasan inmediatamente a etiquetarte como "enfermo" y dirán de ti que algún problema tienes.
A los 20, si hablas con modismos es porque eres parte de la juventud. A los 30, el solo decir "cachai" o "bakan", hace que te miren como un viejo alolado (alolado, hasta la palabra es antigua...).
A los 20, el TU es una palabra más. A los 30, el Usted, Señor o Caballero, suenan como si una muralla dividiera a ambas generaciones y si intentas decir "trátame de tú", la respuesta es inmediata: "Es que me cuesta tutear a los mayores". Ahora, si te dicen tio en la calle... mejor ni voltear.
A los 20, salir con los amigos es toda una costumbre. Se arma un fiestón que parte en la tarde mientras se bebe unas cervezas en la casa de alguno de ellos y termina cuando cierra la discoteca, luego a la casa a dormir, claro, después del jueves viene el viernes y esto recién comienza. A los 30, planificamos nuestras salidas con 2 semanas de anticipación, por lo general es solo una vez al mes y dura lo que dura un par de temas musicales bailados atolondradamente, por lo mismo es mejor juntarnos solo de 23.00 a 02.00 horas en el pub ñoño de moda donde solo debemos sentarnos a beber, conversar y escuchar música en vivo, de los 80s claro está. La resaca durará toda una semana.
A los 20, trabajar es motivo de orgullo. Fácil, viviendo en la casa de los padres los trabajos van desde limpiarle el auto al papá hasta servir café en una cafetería y el dinero va en franco beneficio propio. A los 30, el que vive en la casa de los padres es mirado como bicho raro o fiel fans de Peter Pan, por lo que el trabajo se trasforma en la mitad de nuestra vida y el dinero va para el arriendo, pago de servicios y comida. Lo que queda... para la salida mensual.
A los 20, si te pones un saco de papas para salir te queda bien. A los 30, el metabolismo ya no funciona como antes y estas condenado a usar poleritas color pastel con cuello del tipo Polo y comer pollo cocido con arvejas o lechuga. Trata de ponerte una ropa más juvenil y verás lo que se te viene encima...
A los 20, puedes tener sexo con quien se te antoje sin importar la edad de tu pareja, si es menor eres todo un experto, si es mayor buscas la experiencia o eres venerado por seducir y complacer a alguien con más sabiduría sexual. A los 30, el sexo con alguien menor es buscarse problemas y si tienes a alguien mayor te ven como si buscaras el reflejo de tus padres y más de alguien dirá que te mantienen.
A los 20, el ser soltero es una necesidad, incluso puede ser considerado de mal gusto casarse tan temprano y "arruinar la juventud". A los 30, si no estás casado la sociedad te sentencia gay de plano (por eso de "Soltero maduro...") y te rodeas de hombres y mujeres obsesionados con el tema queriendo comprobarlo a toda costa y a quienes no les basta un NO como respuesta. No faltará quien, después del NO, piense que tienes problemas de erección (los hombres) o de frigidez (las mujeres).
A los 20, los recuerdos son nuevos y la vida es nueva, así como las ganas de vivirla. A los 30, los recuerdos empiezan a deformarse y hablas del lugar donde naciste, te criaste o estudiaste como si ya no existieran, de hecho, probablemente esos lugares estén remodelados o derechamente exista un mall o un edificio del tipo panal de abejas en su lugar. Y de recordar?, trata de hacerlo sin arrugar la frente y entrecerrar los ojos. Sí, ha pasado el tiempo.
El cambio de una década a otra deja habitaciones vacías en nuestro hogar de vivencias con las puertas y ventanas clausuradas. Intentar entrar a amoblarlas puede provocar un desastre solo comparado con volver al pasado y cambiar algún suceso. Es inevitable preguntarse: Estoy viviendo mi decada como debo vivirla?.








